Una invitación semanal a darse un espacio para leer un trozo del evangelio y compartir una reflexión sencilla a partir de nuestras experiencias de la vida diaria.
Caminando Juntos
Cartillas de Reflexión
Un espacio abierto e interactivo, que pretende enriquecer a un número creciente de personas, especialmente quienes buscan respuestas para sus inquietudes espirituales.14 May 12 Juan 16,20-23a
“Nadie os quitará vuestra alegría”
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada.”´
Acabamos de vivir una nueva Semana Santa. Otra vez volvimos a repasar los diversos episodios que le tocó sufrir a Jesús; todo ese calvario que tantas veces hemos revivido.
Ahora, existen innumerables versiones que tanto el teatro, el cine como la televisión nos ofrecen de aquella historia. En general, todas estas muestran lo mismo, eso que siempre hemos constatado, de que poco a poco fueron dejando solo a Jesús. Todos lo fueron abandonando y finalmente otro, lo entregó. Sólo su madre y unas pocas mujeres siguieron acompañándolo hasta el final, cuando expiró.
Hemos pensado que no sólo fueron esos rudos e incultos pescadores los que lo dejaron solo. No convenía, entonces, que se supiera que también ellos eran parte del mismo bando, que a la larga, seguían su misma doctrina, aquella del amor.
También ahora nos ocurre que, muchas veces, no nos conviene que se sepa lo que somos, no queremos siquiera que se vislumbre lo que pensamos. A menudo nos resulta mucho más fácil ser uno más del montón, que luchar por algo que, a la larga, nos puede acarrear problemas con amistades o conocidos y finalmente cedemos.
Cuantas veces, por cobardía o por comodidad preferimos aceptar posiciones que son contrarias a nuestra conciencia y, por no llevar la contra, resulta siempre más fácil estar con la mayoría, y por no ser distintos al grueso público, nos acobardamos y cedemos.
Hace algún tiempo, es posible que hayan leído un comentario mio del evangelio, en que decía que, a Dios gracias, luego del sufrimiento de la cruz venía la alegría de la resurrección. Este es un tema recurrente ya que siempre, después de la penitencia viene el perdón. Luego de los dolores de parto que tiene la madre, viene la alegría del hijo recién nacido. Después de la noche viene el día.
Ciertamente la muerte de Jesús nos produce pena. Siempre la muerte de alguien es dolorosa, más aún lo fue la de Jesús, nuestro Dios y Salvador. Todo lo que Él había hecho siempre iba en beneficio de los demás pero, como siempre, había mucha envidia y también odio por parte de la gente, a fin de cuentas esa persona tan amable y recta no podía seguir viviendo. Debía morir, y así ocurrió.