Una invitación semanal a darse un espacio para leer un trozo del evangelio y compartir una reflexión sencilla a partir de nuestras experiencias de la vida diaria.
Caminando Juntos
Cartillas de Reflexión
Un espacio abierto e interactivo, que pretende enriquecer a un número creciente de personas, especialmente quienes buscan respuestas para sus inquietudes espirituales.
17 Jul 21
Mateo 12, 1-8
El Hijo del hombre es el señor del sábado
Por aquel tiempo, Jesús caminaba un sábado entre los sembrados. Sus discípulos sintieron hambre, y comenzaron a arrancar espigas de trigo y a comer los granos. Los fariseos lo vieron, y dijeron a Jesús: “Mira, tus discípulos están haciendo algo que no está permitido hacer en sábado.”
Él les contestó: “¿No han leído ustedes lo que hizo David en una ocasión en que él y sus compañeros tuvieron hambre? Pues entró en la casa de Dios y comieron los panes consagrados a Dios, los cuales no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes. ¿O no han leído en la ley de Moisés que los sacerdotes en el templo no cometen pecado aunque no descansen el sábado?
Pues les digo que aquí hay algo más importante que el templo. Ustedes no han entendido el significado de estas palabras: -Lo que quiero es que sean compasivos, y no que ofrezcan sacrificios. Si lo hubieran entendido, no condenarían a quienes no han cometido ninguna falta.Pues bien, el Hijo del hombre tiene autoridad sobre el sábado.”
Los fariseos eran un grupo religioso de la época de Jesús que se preocupaban por observar escrupulosamente los preceptos de la Ley mosaica. Se interesaban más por la apariencia y no por seguir el espíritu de la Ley. No es de extrañar, entonces, que los Evangelios encontremos muchas controversias entre estos personajes y Jesús, que incluso llega a llamarles “sepulcros blanqueados” (Mt 23,27).
La confrontación que vemos en el texto de hoy, se basa en la observancia del sábado, que para los judíos era el día de descanso sagrado. Las jornadas de viaje eran a menudo muy largas, y por eso la Ley permitía a los viajeros entrar a un campo y recoger granos o frutas en cantidad suficiente para alimentarse. Por esta razón la acusación de los fariseos en contra de los discípulos de Jesús no es porque estuvieran robando, sino que porque estaban “trabajando” en sábado.
La respuesta de Jesús tiene varias partes: primero cita como autoridad al Antiguo Testamento y cómo el rey David había hecho algo contrario a la Ley, y luego les hace recuerdo de algo que para los fariseos era muy conocido: los sacrificios que se hacían en sábado en el Templo y que no constituían una violación al descanso del sábado. En la segunda parte de su respuesta, se refiere a algo que es mucho más profundo que la Ley y el Templo: la misericordia de Dios.
Para Jesús, la práctica de la compasión, especialmente hacia los más necesitados, es mucho más importante que el ritual vacío. Hoy podríamos decir que no sirve de mucho ir a misa los domingos, o rezar todos los días el rosario, si el resto de nuestras vidas no reflejan el amor de Dios. Las oraciones y otras prácticas piadosas son un medio para conectarnos con Dios, pero no deben llevarnos a ignorar a nuestros prójimos y sus necesidades. De nada sirven los sacrificios si no hay misericordia.
La invitación de hoy es a no ser fariseos. A mirar a nuestros hermanos y hermanas con misericordia… como Dios nos mira. Tratemos de mirar sin juzgar… con amor… como Él.
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